lunes, 16 de agosto de 2010

Destiempo

¿Cuánto ha que no sonreía de esta manera la mañana? Recargado en una pared solitaria, con Sade en las manos y Soundgarden en las orejas. Hoy ni pared, ni sadismo, ni grunge; ¿pero qué no hay una clase de esencia en cada día? Esta es la esencia de hace tantos años, de hace tantas tristezas. ¿Quién ha dicho que un montón de tristezas sumadas no forman una gran felicidad? Otros días tienen un matiz más amargo, como si algo te succionara desde tu propio estómago y tú pusieras el freno: un cansancio destructor. Día nublado, sol tímido, aire seductor; aunque no se crea, es un lunes de descanso. Amén por la escuela, que me esperará  acostada en su pequeña inmensidad y miraré con emoción las rejas de la misma manera que la primera vez; ya me gasto casi cinco pesos más en transporte, eso prueba que las cosas cambian. ¡Hasta el primer cigarro de la mañana me marea como hace cinco años! Confesión: vivo a destiempo. Así disfruto el presente, porque el tiempo no importa, así me dijo Alejandro: "las horas se revuelven, igual que los días y los años". Nazco por la mañana, me mato en novelas atemporales y me revivo en párrafos pedorros.

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