Él no sabía ni quién era antes de ella. Así de plano. Te lo digo yo que, como tú, soy de los que lo conoce bien. No estuve cuando pasó, pero me lo contó tantas veces... Me refiero a cuando se encontraron por primera vez. Iba en la prepa y yo a penitas comenzaba a salir con todos. Julián era de los que hablaba y hablaba, diciendo pura pendejada. Me moría de risa con cada cosa que se le ocurría. Al fin y al cabo empezaba a ser mi amigo. Ahora está sumergido en la orillita del asiento, con su cabeza recargada en la ventana. El taxista viene hablando del pinche tráfico de la tarde y de cuánto le gusta ruletear por la noche. O así lo recuerdo.
Estaba sentado en el parque que está en Insurgentes y Reforma, el que está del lado sur de Insurgentes, no el de la fuente, que ni buenas bancas tiene. Aturdido, como perdido, ¡ahí sentado, pues! Y solamente miraba las ramitas que estaban todas revueltas en el piso. Pasaban varias personas, casi todos oficinistas que iban de un lado a otro, él les seguía los pies y volvía a las ramitas. Fue una vez, decía él, en que una de las amigas de los que no eran mis amigos (pues amigos no tenía en la prepa, tú estabas en otra) se apareció por ahí. Ya sabes, era Gaby, pero entonces no era la Gaby que conoces, sino otra. Como que era un poco más oscura o algo así, en serio, como que se sentía mala vibra. Yo me fijé en sus ojos redondos como platos y en su narizota; no era de esas narices grandes y feas, más bien era bonita y enorme, como una modelo alta. Ya estoy diciendo pendejadas. El chiste es que esa tarde nos fuimos en el coche de la no amiga, que sí era su amiga, a un bar allí por la FES Zaragoza. Puro borracho y yo así como que me lucía con todos, acuérdate que mi me da pena estar entre muchas personas con las que nada que ver, pero al fin tengo que sacar a relucir mi pendejez para no quedar como pinche retraído, en eso el alcohol me ayuda. Y no sé, era como muy mamona y yo le daba el avión, pero me gustó. Pasó como siempre me pasaba, pues: me gustó a primera vista, no dejé de pensar en ella toda la noche y al otro día se me olvidó al igual que todas las mujeres que me gustaban.
Cómo se traumó al principio, cuando por fin, ya después de todo un dramón, fueron novios. La cosa cambió, claro. Imagínate que Julián empezó a dejar de salir con los cuates por irse a lugares fresas con Gaby. Si el pinche güey es más naco que rock urbano en Polanco. Uy, y hubieras visto cómo se ponía el Bruno con eso, ya ves que siempre ha sido bien especial en esas cosas. En una peda ya hasta le quería meter sus buenos madrazos. Lo que pasa es que lo quiere mucho y sintió que por Gabriela se olvidaba de ese cariño de cuates. Digo Gabriela porque así le dice Bruno, yo le digo Gaby porque a mí si me cae bien. La primera vez que yo la vi fue casi medio año después de que anduvieran ya bien. A Julián le costó mucho trabajo aceptar que no tenía que fragmentarse para tener novia, o sea que no tenía que haber dos Julianes ni mucho menos. Sobre todo por que en esa época íbamos a La Verde, la pulcata de Vallejo. Gaby entró sin asco, por eso me cayó chingón, porque aunque tuviera esa facha de niña hija de mami se sentía en su ambiente en cualquier lado. ¡Hasta pidió pulque natural! Bruno luego luego se alteró, fue Toño quien lo calmó. Ja, ja. Nomás acuérdate de las maneras de calmar de Toño: entre la incomodidad, los nervios, y el deseo encabronado de evitar el conflicto. Total que en un momento de docilidad pedera (porque además llegaron ya que estábamos hasta las manitas) Bruno se calmó. Ahora sí que ya calmadas las aguas, me puse ha cotorrear con la vieja. Me pareció un buen partido para Julián, porque siempre había andado como perdido. Era como un perrito mimado el güey: nomás andaba moviendo la colita para quedar bien y siempre andaba inseguro; una vez que encontró a su dueña hasta parecía que sabía qué era lo que estaba haciendo.
Ay, cómo me cuesta crear la imagen del menso de Julián sentado allí como pendejo, igualito al parque en el que estaba: en medio del tráfico y el movimiento de la ciudad, pero totalmente ajeno. Medio perdido otra vez. Ahorita ya le dio el bajón, ya se le ve la carita triste mientras cruzamos Montevideo. Estaba con Toño y con Mirtha en El Gato cuando me llamó, "No mames, güey, ya valió madres". Y chingue a su madre, que me suelta la sopa. De sobra sabes que yo no me rajo en la peda, pero, digo, cinco años de relación no son pocos. De por sí, luego me imagino qué pasaría si Toño y Mirtha se mandan al carajo y siento que el Toño terminaría hecho una piltrafa. Ellos que llevan menos. Ahora ponte a pensar en lo que pasó por mi mente cuando Julián escupió el ya-valió-madres. Total que Toño tenía que esperar a mi abuelo para que fueran a dejar a Mirtha, entonces le pedí una lana para ir por Julián. Si la sintió, pero al fin me aflojó cien pesos. No es que quiera tanto a Julián, pero... ¡Bah!, para qué te digo, Julián es quien siempre me recuerda más a ti. La verdad es que me dio un chingo de risa cuando lo encontré, parecía loquito, pero como esos loquitos bien cliché. Se quedó callado cuando me senté junto a él y ya después de un rato me quiso contar, pero soltó el llanto. Es que llevo aquí desde las tres y nomás me quedé aquí sentado, Yo no tenía ni idea, Seguro tiene otro güey, Ya ni pedo, Pero no mames o Perdón, no quiero parecer bien dramas. Algo así entendí entre chillidos. Tomamos el taxi y se quedó como dormido, pero bien sabemos que está despierto porque tiene hos ojos abiertos. Ido, pues. Y encima el pinche taxista que no se calla.
Así pasó un chingo de veces, yo la veía y ella también, ni nos hablábamos, porque como que nos cagábamos bien mamón -nos contaba al Negro y a mí-, neta, así nos odiábamos o no sé. Un chingo de veces fue ahí a la escuela y en todas nos repelíamos. Neta, se los juro. No es que sea mamón ni nada, pero ustedes sabrán que no hago más que hacerme pendejo cuando alguien ya me gusta de a deveras. Y sí, ya estaba enamorado, pero ustedes qué van a saber. Así llegó el día en el que terminamos por cruzar más que holas y pasamelacervezas sin mirarnos siquiera. Ya estaba medio pedón y que me le acerco así de huevos. Pues ya, para no hacérselas de emoción, ahí fue cuando pasó lo que ya se saben de memoria: resultó que empezamos a platicar y que de hecho no nos cagábamos, sino que ambos sentíamos que le cagábamos al otro, o sea que teníamos miedo, ¿sí?. Entiendan, ninguno de los dos sabíamos qué pedo. Ya después fue que empezamos a salir, pero éramos bien ñoños, no como ustedes que a la primera ya quieren coger. Bueno, el Negro, porque tú no, hasta eso eres menos faltoso. Ella dice que desde entonces ya éramos novios, pero yo le llegué a penas la semana pasada. ¿Y qué creen que me dijo, la muy cabrona? Primero torció los ojos, luego "Ash, pues tú qué crees", "Yo no me llamo Ash", "Uy, pues con ese humor tan pendejito creo que te diré que no", pero ya saben, así como entre en broma y en serio, cuando te tienen en sus manos, las culeras. "Ya, dime bien", "No sé por qué tienes que estar preguntándolo". Y así estuvo un ratote sin decirme nada claro, hasta que ya porfin me dijo que llevábamos de novios desde que nos besamos, la tercera vez que salimos. ¡Y yo mortificándome todos estos meses! Por eso hasta hoy se las traje, pero hubieran visto la cara que puso antes de entrar. Bueno, ni importa, siempre encaja, por eso la amo.
Los otros cuatro años y garra pasaron igualito. Ella siempre lo manipulaba bien cabrón y él que se dejaba. Pero los dos eran felices, y los dos aceptaban que así era el pedo, por eso se me hizo una pareja tan chingona. Yo pienso, la verdad, que no tardan en regresar, el pedo es que nunca se habían separado. Ya quiero ver su primera reconciliación, ¿te acuerdas de la mía con CA? Sí, yo también sentí que me caía la verga, pero el sexo de reconciliación es la pura verga, más bien. Ja, ja. Chale, ya me hice un albur. Julián sigue ahí sentado, como ido. El pinche taxista que no para, ya ni le pongo atención. Y yo que estoy hablando contigo, cabrón. Y ya no sé qué más decirte, sabes que me gusta platicarte cosas. ¿Qué me dirías? "Pinche Nemito, ya estuvo, ya no existo, cabrón, entiéndelo... Bueno, sí, por lo menos te puedes entretener pensando que platicas conmigo, para extrañarme menos. Y de paso te inventas a un amigo que nunca tuvimos y a una novia suya que existe aun menos que yo". Y qué, cabrón, yo no te pedí que te murieras. Ja, ja. Sí te extraño y medio cabrón. Pero, a ver, qué te diría yo. "Ya, pinche Abraham, deja de imaginarte que eres yo nomás para tratar de estimar cuánto te extrañaría uno de tus amigos si te murieras. Para qué te quieres inventar a un yo que invente a un amigo que nunca tuvimos y a una novia suya que existe aun menos que yo. O que tú, porque ya hasta hiciste que te matara en tu propio cuentito. ¡Si yo ni siquiera pienso así, pendejo!" Y qué, cabrón, yo no pedí empezar a escribir una pinche historia y luego acordarme de ti.