I
Dices que la puerta se ha cerrado ya,
mujer de nadie, hecha toda cambiante,
que ni en sus ensueños al amor verá,
oh, mujer tan mía, mujer de nadie.
Que poeta jamás seré, me digo,
que a una mujer yo nunca escribiré,
luego dices “nunca amando”; ya veré.
Y este no-soneto aquí yo te escribo.
Que nunca he ignorado la culerez,
¡Invítame a la sublime pendejez!
¡Haz mil contradicciones en tu mente!
Di que tu amor yo jamás conoceré,
¡Grítamelo con un aire insolente!
Es la única regla del juego que no se ha de romper porque LO DIGO YO.
ResponderEliminarAbraham no entiendes ni una palabra de lo que soy.
(: