jueves, 24 de junio de 2010

Changomán, el Dr. Glande y el insilio



He tratado de mantener todo aquello que escribo lejos de politiquerías o problemas sociales concretos; me gustan más las vaguedades y me desagrada polemizar... Procuraré que ésta no sea la excepción.

Desde que leí a José Agustín por primera vez, me han encantando los sobrenombres. Debo confesar que no le llego ni a los talones a este señor en la creatividad a la hora de inventar, pero generalmente me divierto con esta entretenida actividad. Es por eso que esta mañana, cuando me subí al camión, comencé a poner sobrenombres a quienes estaban allí, al fin que eran pocos. "Al Centro de Convenciones, por favor", dije antes de ver a la ahora joven que conocí en la primaria De Cuyo Nombre No Me Acuerdo; se puso linda. Iba con Señora Cara de Entrometida y entre las piernas de ambas estaba recostado Chilpayate. La fiesta comenzaba. A la izquierda vi a Bigotesmalora e inmediatamente atrás a Chaquipendejo. Tomé primero el rincón del gran asiento de hasta atrás, justo a un lado de la puerta. Recapacité, recordé cómo alguna vez un tipo me intento robar, desarmado, mi celular entonces inexistente, todo por querer aislarme de todos en ese mismo asiento. Así, pues, me cambié dos asientos atrás de Chaquipendejo y subí el volumen de mi reproductor. Aún no estaba la luz verde y se subió Caradepito, sí, de esas personas a las que ves y dices "este güey tiene cara de pito". Tenía algunos rayones en el brazo derecho, un poco de vello facial y una gorra azul marino, además de una horrenda mochila negra. Como buen cliente de los asaltantes me puse a analizar las posibilidades de que éste fuera uno de ellos; llegué a la conclusión de que era poco probable, pues iba solo. Sonaba Rey Mezcal de La Gusana Ciega en el reproductor y me puse melancólico. Una cuadra adelante se subió Simiesco, con una actitud torpe y cara de pendejo (lástima que Chaquipendejo ya le había ganado el adjetivo). Se sentó un asiento adelante de Caradepito, quien se había colocado, cruzando el pasillo, justo a un lado de mi ubicación. Después recapacitó y se sentó entre Chaquipendejo y yo. Por un momento me entró la paranoia asaltera, pero racionalicé y me pregunté "Bueno, si yo me cambié de asiento, ¿por qué Simiesco no?". Detrás de él llegó Gordifarola y posó sus nalgas después de De Cuyo Nombre No Me Acuerdo. Avanzamos entre las polvosas calles y las obras a medias.

Me ensimismé, para variar. Escuchaba cómo se me alejaba Rey Mezcal y luego cómo comenzaban las notas, aún más melancólicas, de Rockets de Cat Power. Miré por la ventana, tenía que mantenerme peinado si quería que mi entrevista de trabajo resultara exitosa. Los brincos del camión no me dejaron permanecer pimponesco así que me imaginé la situación en la que me excusaría, "Oh, and I'm sorry about my hair. You know, sometimes buses don't like long-haired guys, and it kind of sucks.", "Oh that's not a problem, don't worry -diría El Licenciado-, it's perfectly understandable. Now, tell me more about your skills...". Se nubló un poco. Esperaba que no lloviera. "La vez pasada llovió y terminé por regresarme a mi casa sin entrevista: mi currículum y yo terminamos empapados". Avanzamos un poco más, ahora comenzaba And So I Know de Stone Temple Pilots, olvidaba cuánto me gustaba el Tiny Music. Giré mi cabeza hacia De Cuyo Nombre No Me Acuerdo y sí, parecía que Chilpayate era suyo. La maternidad le sentó bien.

Un poco antes de subir el puente que conecta a Vallejo con Acueducto de Tenayuca ví subir a un tipo con cara de pato que decidí nombrar Jipinaco. Jipinaco era de esos que te daban las paletitas y te echaban un chorote de que trabajan honestamente, que si podías "regalarme una moneda está bien, y si es una sonrisa también, nomás no me regreses la paleta proque'sa te la entrego sin compromiso". Yo le regalé una sonrisa y además dos monedas de cincuenta centavos. Me quedé con una paleta multicolores en forma de mango. "Para mantener el buen aliento", me dije. Chaquipendejo le regresó las dos paletas que le había dado Jipinaco y este último le regaló una. Avanzó un asiento más y Simiesco se levantó para bajarse. al parecer ya se le había pasado la parada (por pendejo), pues con la prisa empujó a Jipinaco. Jipinaco puso cara de qué pedo y mi lectura alcanzó a percibir que Simiesco le mentó la madre sólo entre dientes porque sostenía algo parecido a un Nextel en la mano derecha. "¡Qué poca madre!, pinche güey ojete", pensé cuando alcancé a notar a Caradepito a mi lado. Caradepito no más, el pequeño fogón que se sostenía en la rayoneada mano ahora lo convertía en el malvado Dr. Glande.  Adelante, Simiesco se convertía en Changomán al recibir el celular de Jipinaco. "Saca, cabrón, no te hagas pendejo", dijo Dr. Glande, mientras yo hábilmente me quitaba los audífonos y sacaba el reproductor de mi bolsillo en un solo movimiento, "The Limit To Your Love, de Feist", musité para mis adentros y le di el reproductor. "¡La cartera, güey, ándale!", "No tengo cartera", "La cartera, cabrón", "Aquí traigo mi cambio, mira, neta no tengo cartera". Vio mi súper entrenada cara de docilidad y accedió: "Échalo aquí", escupió señalando su mochila abierta y deposité el cambio que alcancé a agarrar. Dr. Glande se recorrió hacia adelante. Aún conservaba mi celular en el bolsillo derecho del pantalón, ¡es una fortuna que mi reproductor aparente tristemente ser un Moto Rokr!. Dos asientos adelante Changomán discutía con el conductor y Dr. Glande ya veía en su mochila las pertenencias de Chaquipendejo. Dr. Glande hizo relevo y Changomán pasó a hacer una última revisión; el camión aún no se podía orillar gracias a las obras. "La cartera, hijo de tu puta madre", espetó Changomán ante la incrédula mirada de Chaquipendejo, "¡Ya, ya!", chilló Chaquipendejo, "Ándale, no te hagas pendejo", "Que ya lo dí", "!Órale, culero y agáchate!", gritó Changomán dando primero una cachetada y luego un cachazo. Caminó. "¿Qué te faltó, culero? La-cartera-¿-ya-diste-la-cartera-?" Sentí cómo caía una gota de saliva en mi oreja, "Ya, mano, ya le di mi celular y mi cambio, no tengo cartera", "A ver, güey, párate, qué traes ahí", señaló mi bolsillo izquierdo, "Mis cigarros", Tocó el bolsillo izquierdo confirmándolo, luego el bolsillo trasero-izquierdo (¡el-derecho-no-el-derecho-no-el-derecho-no!) y no prestó atención al poco cambio que me guardé para poder regresar, luego el bolsillo trasero-derecho, "¿Qué es esto?", "Mis cerillos", "Cerillos...", repitió distante el muy pendejo (y no por mi encabronamiento, que ni fue tanto, sino por que de verdad estaba muy pendejo). Changomán se retiró, "¡Agáchense todos, pendejos!", lo que más me molestaba era que a mí me dijera pendejo el güey ese, aún así bajé mi cabeza. Entre los asientos alcancé a ver que los malvados estaban ya en la puerta de adelante. Changomán parecía inconforme, pues regresó a quitarle no sé qué a Gordifarola. "¡Que se agachen todos!", aún no se podia orillar el camión. "Si regresa y me saca el celular ya me llevó la chingada. ¡Mierda! aquí no, se atora y en un brinco va a salir volando y a ver si este güey no me suelta un plomazo en las patas. ¡A güevo! Entre el asiento y el respaldo...". Sin embargo, Changomán regresó a la puerta delantera. Pensé que ya se había prolongado demasiado el asalto cuando vi, por fin, a los poderosos superculeros a través de la ventana. 

Traté de coger mi celular, no lo hice bien y cayó al piso con un sonido sordo. Todos giraron su cabeza hacia mí. Lo recogí y puse mi cara de pendejo, "¿Todos están bien?, ¿No te pasó nada, carnal?", "No, güey, ya, no hay pedo" respondió Chaquimán (el pendejo se lo robó Changopendejo, quedándose él con el man por su estoicismo) explorándose la cabeza con los dedos y luego mirándolos en busca de algún rastro de sangre. "¿Tú, carnal?", pregunté a media voz con tono ques que paternal a Jipinaco, "No hubo pedo, carnal". De Cuyo Nombre No Me Acuerdo me echaba una mirada polisémica: "¿Está bien?, ¿sí es el güey de la primaria?, ¡qué greñudo!, ¿qué chingados recogió?, ¿su suéter es fucsia!". Y Cara de Entrometida pensó: "¡Qué poca madre!, ya ni porque viene Chilpayate, pinches ojetes hijos de su puta madre", Bigotesmalora: "Mellevalachingadamellevalachingadamellevalachingada", Chaquimán: "... ¿?...", Gordifarola: "¿Y ahora qué se supone que tengo que hacer? ¿Qué me hará ver menos pendeja?", yo: "Yes, I'm a little freaked out, I'm sorry, I've just seen a gun right in front of my face. Anyway, keep on asking. I'll give it a try", "No problem, son, shit happens". Jipinaco se recargó en mi asiento con mirada del experto desconcertado porque le dieron la vuelta: "¿Cuántos eran?, ¿tres, verdad?", "Yo sólo vi a dos", "Chale, yo nomás vi el fuego", "Sí, mano, pero ni pedo, a muchos nos toca,  ¿no?", "Pues sí, carnal, ¡cámara!", "¡Cámara, güey!, con cuidado". Dos cuadras después estaba el Centro de Convenciones y me bajé cuando los de hasta adelante polilogaban con el viejo conductor.


"Ya te voy a mandar a hacer una limpia", me dijo mi hermana cuando llegué hoy, "Ya hazle una limpia a este güey", dijo hace algunos meses, que también me asaltaron (dos veces en un período de menos de 12 horas), una amiga a su hijo, también mi amigo. "Y, ¡por favor!, ya encomiéndate a algo más grande", dijo mi racional padre el mismo día. "¡Tú estás salado!", otra amiga. Yo sólo pienso: "Esta ciudad mía, a la que tanto amo, se está hundiendo en la mierda" y eso también me hace trillar a Miller: "El mundo es un cáncer que se devora a sí mismo". ¿Qué debe hacer uno?, ¿No salir de su casa! Tampoco pienso que cada dos pasos me van a asaltar (como buen estudiante de Psicología trato de manejar el estrés postraumático), aun así esto no es sano, ni justo... pero es. Lo que me queda... no sé; vivir, seguir, mentar madres... o apartarme como todo buen indolente, porque estas cosas sí afectan. Creo que mejor me pondré a leer algo que me distraiga, ya mañana mandaré al mundo a la mierda y quedaré afuera de él... o adentro de mí. Encerrarse por un rato y olvidarse de los episodios indeseables. Aislarse, rechazar al mundo de nuestros adentros, pues es ése el que luego nos da más miedo. O, como una apreciada amiga me dijo que se podría llamar: el insilio. ¡Qué chingona palabra!

1 comentario:

  1. Hahahahaha, me imagino que sobrenombre te habran puesto los demas usuarios del camion "Greñas" o "Jipinais" (es que ya habia un Jipinaco y pues supongo tu ibas mas "nais" a tu entrevista haha) "Mechudoman" "El wey que creo que iba conmigo en la primaria, que al parecer tambien pone cara de que me conoce" hahahahahaha!
    Con respecto al asalto... Creo que tu dominabas la situacion, digo, ya con la experiencia que cuentas ningun Caradepito te va a dar la vuelta hehehehe
    Pus ya ni pedo padrino, como diria el buen Bala "desde que saliste a las calles, el indice de asaltos aumento"... hahahaha

    PD: Ya hazte una limpia carnal!

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